Supernovas

Supernovas

Los ojos negros de María, empastados en su rostro como bolitas de brea recién cocida, engañan a los distraídos.

Dicen muy seguros los pasajeros del colectivo que María anda algo triste o algo cansada; piensan que se pregunta si los días serán todos así de piedra, así de iguales; enarbolan grandes cuestiones sociales y le inventan un futuro parecido al cielo de Buenos Aires: un trapo chorreante y gris que se escurre sobre los transeúntes sin pedir permiso.

Si se detuvieran a mirar en serio esa mirada casi adolescente, descubrirían que están equivocadísimos. Al fondo de cada abismo late una diminuta supernova blanca: nada que brille con esa potencia puede encerrarse entre palabras apenadas.

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