Noviembre

Noviembre

Me arrogo el derecho a secuestrarte una frase leída al azar y entonces juro que noviembre es nuestro, y claro que es lila y claro que sonrío, mientras una mujer con un bolso a tono pasa caminando por la vereda de enfrente, allá tras las rejas, donde termina el mundo, y vos no dejás que se la robe el tiempo, porque el jacarandá se le derrite encima y eso es tan fiero como un beso que no se da, como un secreto que se lleva a la tumba; tan fiero como lo que soñás ahora, sentada a mi derecha en un banco de la plaza, enamorada del instante fresco de la sombra, y ahí nomás, a unos metros, donde pareciera que termina el mundo, el sol estalla Buenos Aires y el guardia apoyado contra la pared transpira y sonríe y nos mira de reojo y juguetea con una primavera en la memoria, qué linda era ella, qué lindos éramos los dos, y se ratonea, traga saliva y transpira de nuevo o llora por lo bajo, y quizá, luego, se acuerda de su padre.

Pero ya estás abriendo el pequeño pan con tus dedos rojizos, sangre despistada y torpe, como toda vos, hasta las puntas últimas del pie, y yo miro esos dedos, cierro los ojos —es un segundo, no te das cuenta— y viajo a lo que te habita subterráneo: miedo risas dudas, una lucha brava y a muerte contra esta cultura de mierda, y me parece que las lágrimas te las debo, o no, más o menos; hembra atravesada por millones de lanzas que camina hasta de rodillas si no queda otra, porque hay que caminar y es así, acá estamos y duele, para eso estamos y esto somos y un poco también lo que nos tocó en suerte.

Entonces corto el tomate y el cuchillo de plástico se me resbala y la mujer del jacarandá aún no volvió a apoyar el pie en el planeta y la gota en la frente del guardia es todavía una promesa que desconoce su destino gravitatorio, pero nosotros ya sospechamos que ahí nomás comienza un mundo de libélulas azules y palabras exóticas y mariposas traviesas; y pasto, muchísimo pasto para caminarlo descalzos y sacarnos la ropa y refregarnos, porque no pica. Y si pica qué poco nos va a importar esta mañana de noviembre con el sol y el jacarandá empapado de flores lilas y Buenos Aires estallando en pedazos.

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