Historia del nomadismo, la comodidad y la acumulación

Historia del nomadismo, la comodidad y la acumulación

Hubo un tiempo en que caminábamos por todos lados, como hormigas inquietas.

Algunas respetables personas de barba y anteojos y poseedores de suculentas bibliotecas llegaron a la conclusión de que tanto movimiento respondía a la necesidad de encontrar nuevos territorios de caza a medida que se iban agotando los ya transitados. Yo creo que, en realidad, la razón principal del nomadismo era llenar los ojos con nuevas maravillas. Nuestros ancestros se desplazaban a lo largo y a lo ancho del planeta porque habían sido picados, ya desde la creación, por el bichito de la curiosidad, bichito que contagia una enfermedad casi incurable.

Un día vino la comodidad, que si no es madre de todos los males por lo menos es tía, o prima.

Los hombres decidimos establecernos en grandes hormigueros cada vez más ruidosos, grises y sucios. Los ojos que estaban tan habituados a maravillarse se aburrieron de esa vida muy poco digna de un ser curioso y entonces empezamos a pelearnos entre nosotros, impotentes de enojo y frustración. En ese momento algunos se convencieron de que acumulación era sinónimo de maravilla, pero solamente si la acumulación quedaba restringida a unos pocos. Sus ojos secaron y finalmente quedaron ciegos.

Por suerte hay quienes todavía conservan los ojos primitivos. Son ojos que se humedecen y se maravillan; ojos que sueñan con recorrerlo todo.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *