Falcon

Falcon

Aquel era un suelo desolado: el único registro del paso del tiempo eran los objetos acumulándose a la intemperie. Un cementerio de despojos civilizatorios, una tristeza arrastrada por lustros, hecha de trozos de chapas, latas de aerosol oxidadísimas y botellas de vidrio rotas. Aquella era una tierra ardiente, agrietada, maldita, y padecía una sed ancestral.

—¿Cómo llegamos a habitar estos lugares? Es una obsesión o un error en el sistema— dijo en voz alta Luciano, y enseguida se dio cuenta de que solo había querido pensarlo.

Mauro lo escuchó en silencio, primero, y luego hizo con la mano un signo venido de otro tiempo. Se pasó la lengua por los labios partidos por el calor y dijo:
—Para los hombres es muy sencillo armar un campamento. Pero es extremadamente difícil levantarlo.

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