Desencuentro

Desencuentro

Te lo digo con todas las letras, Nadia: aquella mañana me hubiera gustado que me quisieras un poquitito más. Qué bola de nieve la de los desencuentros: al rato ya no sabés ni quién empezó ni si es este o aquel o ese otro el que hay que desempolvar primero. Es como una madeja entreverada, como cuando se te enreda el piolín del barrilete por una ventolera. Vos te ponés en parca y yo me convierto en un hongo que pretende colonizar tus silencios. ¿Es eso cuidar? No. Para recibir un abrazo de oso hay que querer un abrazo de oso; el resto es pura violencia. Pero vos, ¿cuándo me cuidaste? No estoy seguro de que esto sea un reproche porque todos pactamos unos años de mundo a cambio de cargar con la falta.

Además, vos y yo lo tenemos bien claro, Nadia: si el vientre ha muerto ya no nos queda ninguna patria.

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